El 'sangriento' origen de la curva Eau Rouge de Spa

El circuito de Spa-Francorchamps cuenta con una de las curvas más míticas de todo el calendario. Un lugar de culto del que se ha dicho que diferenciaba a los simples pilotos de los genios.

El circuito de Spa-Francorchamps se inauguró en 1922 con un recorrido de 14 kilómetros que serpentea entre los frondosos bosques de la región de Las Árdenas. El trazado tardó poco en convertirse en una de las paradas obligatorias para las carreras europeas y por eso no se dudó en que formase parte del primer campeonato del Mundo de F1 en 1950.

A pesar de que ctualmente su longitud es de 7.004 metros (la mitad de lo que era originalmente) sigue siendo el circuito más largo de todo el calendario.

Como en todos los trazados míticos, hay lugares de culto en los que se ha escrito la historia de la Fórmula 1 y, de todos ellos, hay uno que es el más especial: la curva Eau Rouge.

Aunque en televisión no se llega a apreciar con exactitud, el circuito de Spa es un contínuo sube y baja que atraviesa varios valles y la curva Eau Rouge es el fondo de una de esas bajadas. Hay dos teorías para dar origen a su nombre. La primera de ellas es que el arroyo que trancurre por esa misma parte del bosque tiene un color rojizo. 

Sin embargo, hay otras leyendas que afirman que el nombre de la curva Eau Rogue se refiere a la sangre que dejaron los primeros pilotos en accidentes en este punto del circuito y que, en muchos casos, teñia el agua del arroyo.